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CESTA

Universo Scharlau

Colección WILD

Texto Javier Camacho
Fotógrafo Carlos Aranguren
Estilista Kitty Scharlau
Especial agradecimiento a Niks Motorcycles

Inspiro.

Espiro.

Respiro.

Abro los ojos. ¿Por qué soñar pudiendo vivir?

Salgo de casa con mi vida colgada. Nunca me di cuenta de lo poco que pesaba.

La brisa matutina besa mi cuello y los grillos cantan por mi llegada.

Pero yo nunca permanezco. No soy quien era ayer, ni seré lo que soy ahora.

Así que empiezo a rodar por mi campo. Bajo mi cielo. Bajo mi sol. Porque el mundo es mío.

Solo mío.

Y de repente... nos enamoramos de aquel atardecer, del rocío en el musgo y de ese bosque que intentaba ocultarnos sus secretos. Permanecimos inmóviles y nuestros cuerpos desaparecieron. Nos convertimos en pequeñas plantas que admiraban la salvaje e infinita naturaleza que nos rodeaba. La tarde caía y la belleza de cada brillo aumentaba por segundos. Permanecimos horas allí, olvidando que éramos, olvidando nuestra existencia, entendiendo, sin tener que pensarlo, que nuestra presencia en aquel lugar era y debía ser la de un mero espectador silencioso, la de una pequeña partícula de aire que se pierde en el horizonte intentando verlo todo, desde arriba, desde abajo... El tiempo dejó de existir. Debieron pasar horas en el mundo en el que los relojes tenían tanta importancia.

Verde, eres vida, pues todos tus hijos lo son.

Verde, eres fuerte, pues lo puedes todo y prestas energía a los sabios que te saben escuchar y bailan contigo.

Verde, eres peligrosa, pues en tu cólera muchos han padecido.

Verde, tus noches son tenebrosas a la vez que elegantes, pues apabullas con tu nocturnidad al más bravo de los hombres y encandilas sin remedio al que todavía no ha conocido el amor.

Verde, eres la madre naturaleza.

Verde, eres también azul y transparente y amarilla y roja... y recuerda verde, que te quiero verde.